Verónica Jaime Ortega


VEROJAIMEEl IMP el hogar que inspira a las futuras generaciones de una familia que crece

Bajo la tranquilidad imperturbable del agua, nada de forma despreocupada un grupo de carpas que lucen, a cada uno de sus suaves movimientos, los vívidos colores de sus cuerpos. Los destellos amarillos, anaranjados y rojos entretienen nuestra mirada mientras esperamos a que llegue Verónica para que nos cuente parte de sus experiencias como trabajadora del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP).

Era mayo de 1991 cuando Verónica Jaime Ortega, recién egresada de la Escuela Superior de Ingeniería Química e Industrias Extractivas llegó al IMP como becaria. Cinco meses después, una vez concluida su tesis y gracias a su esfuerzo y constancia, Verónica logró ganarse un lugar dentro de la familia IMP. Los meses siguieron transcurriendo, la vida hizo lo mismo y pronto llegó el año 1995. Para entonces, Verónica había tenido a su primer hijo y en septiembre de ese año comenzó a hacer uso de la estancia infantil, que se encuentra dentro del Instituto para la comodidad de los trabajadores que tienen a sus retoños.

Antes de dejar al pequeño Mauricio en la estancia, para después poder dirigirse a su lugar de trabajo, Verónica pasaba caminando todos los días a través del jardín japonés, que se encuentra dentro de las instalaciones del IMP. Disfrutaba pasar por el puente que cruza el estanque rodeado de bambús y en el que los coloridos cuerpos de los peces, seguramente llamaban tanto la atención al niño, como a nosotros ahora.

Verónica voltea ligeramente la mirada hacia arriba y sus recuerdos nos transportan a 1995. “Uuuh… Cuando él salga de la guardería…”, Se decía a sí misma mientras trataba de imaginar el futuro al ver a su pequeño. Pero cuando uno menos se da cuenta, el futuro se convirtió en presente y ya hasta es pasado. Mauricio salió de la guardería hace muchos, muchos años, ahora tiene 21 años y está estudiando una carrera en Ingeniería Química Petrolera.

Seguramente las convicciones de Mauricio no se debieron al azar, los gratos recuerdos del estanque y de los otros jardines que hay por todo el Instituto, así como los recuerdos de la estancia infantil y, por supuesto, el ejemplo de su madre, impulsaron a Mauricio a tener el deseo de pertenecer a la familia IMP, y espera pronto, poder cumplir su deseo.

No sólo Mauricio guarda recuerdos de su infancia dentro del IMP, también Eduardo, su hermano menor, recuerda sus primeros años en la estancia infantil y la belleza de las instalaciones del Instituto. Apenas tiene 17 años y aunque todavía no decide qué carrera va a estudiar, es posible que en algún momento quiera seguir el ejemplo de su madre y de su hermano.

Han pasado 25 años desde que Verónica entró por primera vez al IMP, y en palabras de ella, esos años representan toda una vida llena de satisfacciones, tanto en el aspecto laboral como en el personal y quien sabe, tal vez un día la historia se repita con sus hijos.