Raúl Núñez Maciel


La buena suerte llega justo después de un trago amargo: Raúl Núñez Maciel

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Pocas situaciones en la vida pueden llegar a ser tan incómodas, juzgue usted si no, como la de verse con la urgencia de encontrar un baño cuando la necesidad llega en el momento y en el lugar menos adecuado. Es bajo esas circunstancias cuando hasta un ateo puede llegar a implorar algún tipo de clemencia divina, o bien, que considere como el mayor de los milagros el simple hecho de encontrar a tiempo un lugar correcto para dejar que el cuerpo haga lo suyo. Así pues, la angustia de ese momento que puede llegar a convertirse en vergonzosa tragedia es el infortunio que a nadie le gustaría vivir en carne propia.

Cuando Raúl Núñez Maciel tenía 17 años le tocó pasar precisamente por una situación de esas, sólo que su historia es un ejemplo de que, a veces, la buena suerte llega justo después de un trago amargo. De no haber sido por la pesada broma que le jugaron sus propios intestinos, probablemente Raúl nunca habría tocado la puerta del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) para pedir que lo dejaran pasar al baño, ni habría surgido en su mente, una vez aliviado de su apuro, la idea de pedir trabajo allí mismo. Han pasado 35 años desde entonces y ahora, Raúl platica la anécdota de cómo entró al IMP para poder hacer del baño y de paso… encontró trabajo.

Todo sucedió un día en que acompañó a sus hermanos, quienes jugaban fútbol en los campos que se encontraban, en aquel entonces, justo frente a las instalaciones del IMP. “Estaba sentado en la puerta de Cien Metros cuando de repente —cierra los ojos, se lleva las manos al vientre y se contrae ligeramente, recordando exactamente lo que sintió aquel día— y continúa narrando su historia: ¡Uy! Tengo que hacer del baño. Entonces le dije al oficial: Por favor, déjeme pasar al baño. ‘No se puede, está prohibido, es un área restringida’, me respondió, pero yo creo que vio la urgencia que traía y me dejó pasar”.

Después de escuchar atentamente las instrucciones del policía para que pudiera encontrar rápidamente el baño, Raúl se dirigió hasta allí sin contratiempos… “Y al salir, veo un letrero que dice ‘PERSONAL’, resulta que era la oficina de la jefa de personal de capacitación, se llamaba ‘Chayito’. Y pues toqué la puerta…”

— Buenas tardes, quisiera saber cómo puedo entrar a trabajar aquí.
— ¿Y de qué quieres trabajar aquí?
— Pues quiero limpiar, barrer o de lo que sea.
— ¿Y quién te mandó?

Raúl contó su aventura y enseguida comentó que al ver el letrero de ‘Personal’ se atrevió a tocar la puerta.

— ¿Y de veras quieres trabajar?

Después de eso, Raúl llenó una solicitud de empleo y le pidieron que esperara un mes para llevar sus papeles. Quince días después entregó sus documentos, pero le pidieron que siguiera esperando. Cada diez o quince días Raúl iba a la oficina para ver si le daban empleo, pero tuvo que esperar por casi tres meses. Para ese entonces, ya había cumplido los 18 años.

“Vine un miércoles al IMP y mientras estaba platicando con la secretaria pasó Chayito y me saludó. Volteó a ver a su secretaria y le dijo: ‘Oye, mija, ya ponme a trabajar a este muchacho. Desde hoy ya debe estar aquí’. ¿Y qué va a hacer?, preguntó la secretaria. ‘De mensajero, que saque copias, enséñale el Instituto’. Y así fue como entré a trabajar al Instituto”, relata Raúl.

Sin embargo, el puesto de Raúl estaba fuera de las instalaciones sede. Cuando le dieron a firmar su contrato, le dijeron “No vas a estar aquí, vas a estar en la Refinería 18 de Marzo, pero no vas a entrar con un B-2, vas a entrar con un B-6”. Así, Raúl fue enviado al almacén del Centro IMP que se encontraba dentro de la refinería, del que después de un tiempo de capacitación y duro trabajo llegó a ser encargado.

Tras una larga trayectoria en diferentes áreas, entre las cuales estuvo como Coordinador del programa de Conocimientos del Negocio, Raúl finalmente regresó al inmueble en donde originalmente tocó la puerta.

“El Instituto me ha dado muchas satisfacciones y muy buenos compañeros”, comenta Raúl, quien en tan sólo unos días se jubilará, no sin antes dejarnos una lección de que para cambiar la fortuna se necesita atreverse y hacer algo para que ésta cambie.

 

5 Comments on "Raúl Núñez Maciel"

  1. Leonor Vargas Pérez | 23 agosto, 2016 at 10:27 am |

    Querido Raúl, no sabia tu anécdota, la cual me ha hecho mucha gracia.
    Te conozco desde que entré en el IMP y siempre has sido un excelente compañero, te felicito por terminar tu ciclo.

    Recibe un gran abrazo fraternal

  2. Raúl muchas felicidades también estoy en el mismo proceso en pre-jubilatorios,
    Tuve el orgullo de trabajar contigo en el almacén de capacitación cuando llegue de Coatzacoalcos Ver. a trabajar a Sede felicidades

  3. Saludos Gordito, sigues igual que tu aventura. Un abrazo

  4. george el rey de la cumbia. | 22 agosto, 2016 at 10:24 am |

    felicidades tuvo mucha suerte de entrar a trabajar y también felicidades por haber terminado su ciclo, y que de oportunidad a las nuevas generaciones, para que sigan sacando este país adelante en la investigación y desarrollo tecnológico y en hora buena para el compañero Raúl Núñez que se va jubilado. que le vaya bien buena suerte !!!!.

  5. Excelente Anécdota, Muchas Felicidades Sr. Raúl y que en esta nueva de etapa de jubilación, disfrute de su vida y de su familia

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