José Luis Montenegro Cruz, tres décadas de aprendizaje constante

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“Me siento orgulloso y muy agradecido de trabajar en el IMP. Pertenecer a esta institución me ha dado mucho… He aprendido muchas cosas, he podido mantener a mi familia y darles estudios a  mis dos hijos,  expresa José Luis Montenegro Cruz, quien desde hace 32 años forma parte de esta comunidad.

El primer año y medio de su trayectoria laboral estuvo en el área de Conservación; posteriormente, se incorporó a la División de Seguridad, en donde colaboró en un proyecto denominado “Buquetanques”. Como parte de este proyecto, comenta, se revisaba que los buques de Petróleos Mexicanos (Pemex) cumplieran con todos los sistemas de seguridad, para poder extender el certificado correspondiente para que pudieran cruzar por el Canal de Panamá.

Tiempo después —explica José Luis—, muchos de mis compañeros se fueron y sólo quedamos siete; entonces, me capacitaron para cargar extintores y revisar hidrantes. Andábamos en las diferentes zonas del IMP, aunque la mayor parte la pasábamos en Salina Cruz, Oaxaca; pero  también estuvimos en Los Mochis, Sinaloa, Guaymas, Sonora y Manzanillo, Colima.

Parte del trabajo que hacía en ese entonces, continúa su relato, era revisar las barcazas salvavidas, a las cuales realizábamos pruebas hidrostáticas a temperaturas extremas (muy altas o muy bajas), para observar la resistencia del material. “En ese entonces decían que los siete le dábamos a ganar al Instituto 50 millones de pesos, pero se nos acabó el proyecto”.

Comenta que conoció muchos lugares y a muchas personas de Pemex, que fueron realmente amables con él. “Las señoras que nos vendían atole en los puertos nos invitaban a las fiestas del barrio, que la mayoría de las veces duraban hasta una semana; pero como el trabajo era muy pesado —trabajábamos en los barcos en un horario corrido y hasta sábados y domingos—, no había tiempo de asistir, refiere con nostalgia.

Cuando José Luis estaba de comisión, en varias ocasiones le tocó participar en incendios reales. Recuerda que él y sus compañeros tuvieron que intervenir en un incendio muy grande que ocurrió en Salina Cruz, Oaxaca, el cual se generó por la explosión de una válvula de seguridad en un tanque de gasolina, en uno de los muelles de almacenamiento de Pemex. “Incluso, aclara, alcanzó una bodega que estaba lejos de la explosión y de la cual no quedó nada. Bueno, hasta evacuaron el pueblito”.

Y continúa: “Llegamos como a las ocho de la mañana, que era la hora de entrada a laborar y terminamos de apagar el incendio, junto con todos los bomberos de la Refinería Antonio Dovalí Jaime, los de puerto y marines que estaban a un lado, hasta aproximadamente las cuatro de la tarde. Salimos cansados, nos mandaban a las ambulancias y nos daban frascos de suero para hidratarnos”.

José Luis cuenta que para apagar el fuego tenían que subir al cerro. “Cargando un extintor en un hombro y con otro en la mano, corríamos hasta llegar al cerro; quien sabe de dónde sacábamos fuerzas para cargarlos, porque cada uno tiene un peso aproximado de 35 kilogramos”, explica.

En esa época, el área de Seguridad en sede se ubicaba en el Edificio 30 “y estaba en su apogeo”. Cuando nos reuníamos los fines de año —refiere— no cabíamos. Había muchos ingenieros que ofrecían capacitación a personal de empresas particulares y del Gobierno. También se formaron brigadas voluntarias que ayudaron en el terremoto de 1985 y yo colaboré en ellas. Éramos más de 300 voluntarios”.

Jose Luis Montenegro Cruz también colaboró durante cuatro o cinco años en el área de Servicios, específicamente en donde se llevaban los archivos muerto, activo y contable. “En esa época comenzó la primera reestructuración del IMP y se fueron muchos compañeros, entre ellos algunos mensajeros, por lo que mi jefe me pidió apoyo como comodín en esa área. Me ponían además a hacer guías de envíos nacionales e  internacionales; aprendí de todo, porque siempre me ha gustado aprender”.

Desde el año 2000 a la fecha, José Luis ha trabajado en el Centro de fotocopiado del Edificio 14 y temporalmente colabora como encargado del Centro de copiado de planos. “El IMP me ha dado mucho y se lo tengo que agradecer, pero creo que si he permanecido aquí tantos años, a pesar de los recortes de personal y reestructuras, es porque he demostrado que soy responsable y sé trabajar, además de que siempre pongo lo mejor de mí para sacar un trabajo rápido y con calidad”.